sábado, 2 de junio de 2007

AJUSTE CLIMÁTICO

Lo único que separa a la Tierra del espacio exterior, del universo, es su atmósfera. Más allá del gigantesco orbe de materia que conforma este planeta, hay una compleja y fina combinación de compuestos gaseosos que conforman su atmósfera y envuelven al mundo. Esto es, una película protectora.

De la Revolución Industrial a la Revolución Digital: Un proceso de recalentamiento

Durante toda la existencia del ser humano esta capa o escudo no ha experimentado alteraciones bruscas, de hecho, hoy en día la temperatura media global es tan solo 5º C más baja que la existente en la edad de hielo… pero, a finales del siglo XVIII, los ingleses inventaron la máquina de vapor y dieron el pistoletazo de salida a lo que se denominó “industrialización”, un proceso de producción e innovación a nivel global que provocó una creciente necesidad de energía y recursos.

El actor energético principal de este auge y expansión económica fue el carbón. Oscuro y codiciado convidado para todos los países que comenzaron a producir en masa y a incrementar el nivel de vida de sus poblaciones, se impuso durante décadas como la pieza clave para el desarrolló industrial. Después de la II Guerra Mundial el petróleo destronó al carbón como fuente energética de referencia. Desde entonces los humanos hemos seguido aumentando nuestro consumo sin aumentar nuestra eficiencia, quemando combustibles fósiles sin pensar en las consecuencias de este acto primitivo y pensando que nuestro planeta era un gigante al que era imposible de alterar.

Lo que nadie se dio cuenta durante este proceso es que, por primera vez en la historia, la Tierra había empezado a resentirse de forma significativa por la actividad humana.

El cambio climático esta provocado por el calentamiento global, que a su vez está provocado por la emisión de gases de efecto invernadero (básicamente dióxido de carbono, metano, oxido nitroso y otros que surgen principalmente como consecuencia de la actividad industrial). Estos gases provocan que el calor que llega del Sol - y que posibilita la existencia de vida en la Tierra - tenga un mayor impacto en el planeta y, por lo tanto, que se “recaliente” su atmósfera (la compleja y fina capa protectora... ¿recuerdan cómo empezaba este artículo?).

A mediados del siglo XIX el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera era de 280 ppm
[1], en la actualidad se eleva hasta las 430 ppm. Este incremento, consecuencia de la actividad humana, ha provocado un aumento de 0,5º C en la temperatura media global. Y esto es muy preocupante. Si la temperatura sigue aumentando, que lo seguirá haciendo porque el consumo humano tiene un gran efecto inercial y el CO2 concentrado en la atmósfera tarda décadas en “reciclarse”, las consecuencias para la vida en la Tierra son muy poco alentadoras.

Un aumento de 2º C a 4º C de la temperatura en el presente siglo extinguiría entre el 20% y el 50% de las especies del planeta. Pero lo realmente inquietante es que el ser humano, a menos que actúe rápidamente, llegará a provocar un aumento de la temperatura de 2º C para el año 2035
[2]. Esto significa, querido lector, que existe una probabilidad elevada de que sus nietos nunca lleguen a probar las sabrosas anchoas o conocer al majestuoso oso polar. Si le queda alguna duda sobre los potenciales peligros del cambio climático hágame/se un favor y vea el documental “Una verdad inconveniente” de Al Gore.


Verde para Europa – Negro para EEUU

Desde la época industrial, cuando empezó este lento pero inexorable cambio a nivel planetario, el continente europeo es, junto con los EEUU, responsable del 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Pero, a diferencia del Tio Sam, los países que componen la UE se han enfrentado al problema y han cogido al toro por los cuernos, aprobando una serie de medidas para reducir sus emisiones de gases a la atmósfera y declarando la lucha contra el cambio climático como una de las prioridades de la Unión. Esto es una posición inteligente si se compara con el inmovilismo yanqui, más preocupado por su industria patria, el control de petróleo de Oriente Próximo y sus intereses nacionales que por la conservación del planeta. Postura a todas luces sorprendente si se tiene en cuenta que el más que probable aumento de la temperatura media global supone una seria amenaza para todos los países y habitantes de la Tierra, norteamericanos incluidos.

Además, se puede recordar a los economistas neo-con estadounidenses que agitan el miedo a una recesión económica si se aprueba el protocolo de Kyoto y las medidas para mitigar la emisión de gases, que el cambio climático es el mayor y más formidable fallo de la economía de mercado desde su nacimiento a manos de Adam Smith.

Es necesario puntualizar que la preocupación que sienten los europeos ante este reto global es compartida con otros Estados, tales como China, Rusia, Japón y Australia. Un buen ejemplo de ello es el alarmante informe que presentó el Grupo intergubernamental sobre Cambio Climático (auspiciado por la ONU, IPCC en sus siglas en inglés) el pasado 2 febrero en París. En el mismo, 3.000 científicos de todo el mundo aseguran que la Tierra sufrirá un aumento entre 1º C y 6,3º C en el presente siglo, horquilla que depende básicamente de la cantidad de gases de efecto invernadero que expulse el hombre a la atmósfera en los próximos cien años.

Reto global, aportación personal

El cambio climático no es un cuento chino, ni una película barata de terror, ni una historia para que los niños a los que no les asusta el Coco se duerman. Es un problema a escala planetaria. El mayor problema al que se ha enfrentado nunca la humanidad. Un reto global, al que el hombre tiene que responder de inmediato, de lo contrario… nos enfrentaremos a un ajuste climático de proporciones titánicas.

¿Quiere usted hacer algo?

Pues entonces realice su aportación personal y siga unos simples consejos: recicle, ponga bombillas de bajo consumo en su domicilio, ahorre agua, utilice menos el coche (ande más, coja el metro), infórmese sobre el tema, contrate energía verde a su suministrador, plante un árbol… pero sobre todo, asuma que algo se está cociendo en este maravilloso planeta azul.

Asúmalo y extiéndalo. Es hora de pasar a la acción, de asegurar la supervivencia.


[1] Partes por millón (ppm)
[2] Según el “Stern Review” informe independiente que encargo el gobierno de Tony Blair al economista R. Stern y su equipo, y cuyas conclusiones se dieron a conocer en diciembre de 2006.

NUEVOS LÍDERES EUROPEOS

(O LA CREACION DE SIGNIFICADO)

Algo huele a nuevo en Europa. No se trata de enrevesados mecanismos de ratificación de tratados, ni de grandilocuentes discursos emitidos por Euronews, ni siquiera del (tan esperado) compromiso de los países miembros con el cambio climático. Se trata de personas de carne y hueso, de líderes, de la generación de hombres (y mujeres) que marcarán el ritmo del continente durante la próxima década. Este relevo ha sido especialmente notable en el tridente europeo compuesto por Alemania, Reino Unido y Francia, países en los que sus canosos líderes se retiran para dejar que el flujo de liderazgo continúe.

La primera en lanzar este proceso de renovación fue la rigurosa Angela Merkel ya que, a finales de 2005, arrebató la cancillería al hasta entonces primer ministro Gerard Schröder. Los siguientes relevos de poder se dan en el presente año 2007. Francia ha elegido al nuevo Presidente de la República y, con toda probabilidad, el Partido Laborista británico designará a Gordon Brown como sucesor del sonriente Tony Blair.

Ante la amplitud de líderes a analizar y el finito espacio para realizarlo he decidido centrarme en dos mandatarios: Nicolas Sarkozy y Gordon Brown.

Sarko el implacable

La principal característica de la renovación política francesa ha sido la ruptura. Me explico. Francia ha experimentado durante los últimos años turbulentos acontecimientos (como la explosión social de los suburbios de París, la negativa popular a la Constitución Europea o la lamentable performance económica) que han hecho tambalear los mismos pilares de la V República del omnipresente De Gaulle. Ante estos acontecimientos las viejas formulas socialistas (ya sean de derechas o de izquierdas, en el país galo siempre son socialistas) no consiguieron enderezar la situación, dejando a Jacques Chirac - y todo lo que representa - como un cadáver político.

Conscientes de ello, los dos candidatos a la presidencia, Ségolene Royal (del Partido Socialista Francés, de izquierdas) y Nicolás Sarkozy (de la Unión por un Movimiento Popular, de derechas) decidieron romper con el clásico discurso de Liberté, égalité y fraternité y apostar por un revitalización política integral. El que consiguió llevarse el gato al agua y proclamarse nuevo Presidente de la República fue el candidato de la derecha, N. Sarkozy.

Nicolas Sarkozy, o Sarko como le denominan los medios, es hijo de inmigrantes húngaros que huyeron de su país natal tras la invasión comunista. Estudió derecho en la Universidad de Paris X – Nanterre y su carrera política transcurrió primero como alcalde de un afluente suburbio parisino para más tarde ostentar varias carteras ministeriales, entre ellas la de Interior. Sarko es un buen orador: directo, visceral y determinado. Se le conoce por su mano dura contra la delincuencia y su acérrima defensa de la autoridad, el trabajo y la democracia. Personaje controvertido (llego a calificar como escoria a los jóvenes inmigrantes de los suburbios parisinos), proclama querer terminar con la herencia de mayo del 68 y se define como Republicano, de derechas y pragmático en cuestiones económicas.

Hasta las elecciones del pasado mes de mayo nunca antes la República Francesa había asistido a un debate presidencial tan intenso, con dos oponentes jugando la baza de la renovación política profunda, el populismo, la Netpolitik
[1] y la ruptura con las líneas ideológicas anteriores. Todo esto llevó a afirmar a diversos analistas internacionales que el electorado francés, por primera vez en su historia, no votó entre nacionalismo Gaullista y socialismo de izquierdas. Todo un avance para un país que marinaba en glorias pasadas.

La hora de Gordon (o el Pacto Blair-Brown)

Cuentan los mentideros británicos que los dos actuales hombres fuertes del Partido Laborista, Tony Balir y Gordon Brown, sellaron en 1994 un pacto entre caballeros. El segundo apoyaría la candidatura del primero a liderar el Partido Laborista (y a largo plazo a conseguir el cargo de Primer Ministro), si después de dos legislaturas Tony se retiraba y le dejaba el camino libre a Gordon. A este acuerdo se le conoce como el Pacto de Granita, nombre del restaurante donde se llevó a cabo. Los más osados afirman que pidieron fetuccini para comer.

Esta historia, que parece sacada de la saga de “El padrino”, nunca ha sido confirmada por los protagonistas de la misma pero. a pesar de ello, Blair anunció hace unos meses que se retirará del cargo en los próximos meses, un año antes de la expiración de su mandato. Su más que probable sucesor en el puesto es el actual el ministro de Hacienda británico... Gordon Brown.

Mr. Brown nació en Glasgow (Escocia) en 1951. Hijo de un pastor presbiteriano, fue admitido en la Universidad de Edimburgo a la temprana edad de 16 años. Licenciado brillantemente en historia, tras terminar sus estudios de grado se lanzó a elaborar su tesis doctoral, que versó sobre la lucha del movimiento laborista en Escocia durante los años veinte. Su carrera política comenzó al ser elegido como diputado al Parlamento en 1983, momento a partir del cual fue escalando puestos en la jerarquía laborista hasta llegar al ya comentado Pacto de Granita.

Brown es un laborista convencido - una especie de campeón de la justicia social - pero al mismo tiempo atesora las cualidades que definen al (todavía) difuso movimiento de renovación de la izquierda europea, denominado Tercera Vía. Sus propuestas de cambio empezaron a fraguarse tras la desastrosa derrota laborista en las elecciones de generales de 1992, momento en el que Gordon lanzó a sus correligionarios una premisa básica de su pensamiento político: no puede haber progreso sin estabilidad macroeconómica. A partir de este hito sus fuerzas se centraron en enterrar la idea de que un gobierno laborista significaba aumentos desorbitados de gasto público, una alta inflación y una descontrolada tasa de desempleo. Y lo consiguió. En 1997, tras ganar el Partido Laborista las elecciones, se le confió el Ministerio de Hacienda. Su tenacidad y habilidad hizo posible que, bajo su mandato, el Reino Unido experimentara el mayor periodo de crecimiento económico sostenido de su historia, acompañado de una inflación moderada y una tasa de paro más que aceptable. Además, Gordon Brown ostenta el curioso record de ser la segunda persona que más tiempo ha desempeñado el cargo, 10 años, tan solo superado por William Gladstone (político inglés que ostento el cargo entre 1852-1882).

Pero el hijo del pastor no es solo un pragmático en economía, sino también un acérrimo defensor del crecimiento sostenible y un convencido del rol social del estado. Esta visión de la política se puede ver en su Modern Agenda for Prosperty and Social Reforms, donde expone su confianza en los mecanismos del mercado, a la vez que subraya sus límites.

El principal punto flaco de este escocés es su falta de tablas políticas en asuntos no económicos y la acusación de antiguos colaboradores de no ser un jugador de equipo. Su voz grave y pausada emite un mensaje de seguridad, pero al mismo tiempo su discurso resulta frío y poco cercano. Tras recibir el testigo de Blair su principal reto será derrotar a los conservadores en las elecciones de 2008. Mientras tanto tendrá un año para demostrar a los británicos lo que vale.

Un último dato, no es un europeísta convencido. Hecho paradójico dado que es, dentro del panorama europeo actual, el único líder que puede construir en el continente un verdadero modelo europeo de economía social. Innovadora, eficiente y volcada en asegurar los derechos sociales y básicos (educación, sanidad y pensiones) y la extensión de libertades a los ciudadanos de la UE.

La creación de significado

Decía Warren Bemis que “la meta del líder no es una mera explicación o aclaración, sino la creación de significado”. Y eso es justamente lo que tendrán que esforzarse en buscar - y encontrar - la nueva hornada de líderes europeos; significado. La creación de una idea que funcione y que exponga a la Unión Europea como ejemplo a seguir ante el resto de bloques mundiales. Una savoir faire que no replique modelos caducos y trasnochados, sino que asegure un desarrollo social, económico y tecnológico en un espacio democrático expansivo de derechos y libertades… Casi nada en los tiempos que corren.


[1] La Netpolitik es el término que acuña la utilización masiva de Internet (blogs, videos, webs) para difundir ideas y captar electorado. La blogosfera y el efecto You-Tube han alterado los canales clásicos de comunicación.