Lo único que separa a la Tierra del espacio exterior, del universo, es su atmósfera. Más allá del gigantesco orbe de materia que conforma este planeta, hay una compleja y fina combinación de compuestos gaseosos que conforman su atmósfera y envuelven al mundo. Esto es, una película protectora.
De la Revolución Industrial a la Revolución Digital: Un proceso de recalentamiento
Durante toda la existencia del ser humano esta capa o escudo no ha experimentado alteraciones bruscas, de hecho, hoy en día la temperatura media global es tan solo 5º C más baja que la existente en la edad de hielo… pero, a finales del siglo XVIII, los ingleses inventaron la máquina de vapor y dieron el pistoletazo de salida a lo que se denominó “industrialización”, un proceso de producción e innovación a nivel global que provocó una creciente necesidad de energía y recursos.
El actor energético principal de este auge y expansión económica fue el carbón. Oscuro y codiciado convidado para todos los países que comenzaron a producir en masa y a incrementar el nivel de vida de sus poblaciones, se impuso durante décadas como la pieza clave para el desarrolló industrial. Después de la II Guerra Mundial el petróleo destronó al carbón como fuente energética de referencia. Desde entonces los humanos hemos seguido aumentando nuestro consumo sin aumentar nuestra eficiencia, quemando combustibles fósiles sin pensar en las consecuencias de este acto primitivo y pensando que nuestro planeta era un gigante al que era imposible de alterar.
Lo que nadie se dio cuenta durante este proceso es que, por primera vez en la historia, la Tierra había empezado a resentirse de forma significativa por la actividad humana.
El cambio climático esta provocado por el calentamiento global, que a su vez está provocado por la emisión de gases de efecto invernadero (básicamente dióxido de carbono, metano, oxido nitroso y otros que surgen principalmente como consecuencia de la actividad industrial). Estos gases provocan que el calor que llega del Sol - y que posibilita la existencia de vida en la Tierra - tenga un mayor impacto en el planeta y, por lo tanto, que se “recaliente” su atmósfera (la compleja y fina capa protectora... ¿recuerdan cómo empezaba este artículo?).
A mediados del siglo XIX el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera era de 280 ppm[1], en la actualidad se eleva hasta las 430 ppm. Este incremento, consecuencia de la actividad humana, ha provocado un aumento de 0,5º C en la temperatura media global. Y esto es muy preocupante. Si la temperatura sigue aumentando, que lo seguirá haciendo porque el consumo humano tiene un gran efecto inercial y el CO2 concentrado en la atmósfera tarda décadas en “reciclarse”, las consecuencias para la vida en la Tierra son muy poco alentadoras.
Un aumento de 2º C a 4º C de la temperatura en el presente siglo extinguiría entre el 20% y el 50% de las especies del planeta. Pero lo realmente inquietante es que el ser humano, a menos que actúe rápidamente, llegará a provocar un aumento de la temperatura de 2º C para el año 2035[2]. Esto significa, querido lector, que existe una probabilidad elevada de que sus nietos nunca lleguen a probar las sabrosas anchoas o conocer al majestuoso oso polar. Si le queda alguna duda sobre los potenciales peligros del cambio climático hágame/se un favor y vea el documental “Una verdad inconveniente” de Al Gore.
Verde para Europa – Negro para EEUU
Desde la época industrial, cuando empezó este lento pero inexorable cambio a nivel planetario, el continente europeo es, junto con los EEUU, responsable del 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Pero, a diferencia del Tio Sam, los países que componen la UE se han enfrentado al problema y han cogido al toro por los cuernos, aprobando una serie de medidas para reducir sus emisiones de gases a la atmósfera y declarando la lucha contra el cambio climático como una de las prioridades de la Unión. Esto es una posición inteligente si se compara con el inmovilismo yanqui, más preocupado por su industria patria, el control de petróleo de Oriente Próximo y sus intereses nacionales que por la conservación del planeta. Postura a todas luces sorprendente si se tiene en cuenta que el más que probable aumento de la temperatura media global supone una seria amenaza para todos los países y habitantes de la Tierra, norteamericanos incluidos.
Además, se puede recordar a los economistas neo-con estadounidenses que agitan el miedo a una recesión económica si se aprueba el protocolo de Kyoto y las medidas para mitigar la emisión de gases, que el cambio climático es el mayor y más formidable fallo de la economía de mercado desde su nacimiento a manos de Adam Smith.
Es necesario puntualizar que la preocupación que sienten los europeos ante este reto global es compartida con otros Estados, tales como China, Rusia, Japón y Australia. Un buen ejemplo de ello es el alarmante informe que presentó el Grupo intergubernamental sobre Cambio Climático (auspiciado por la ONU, IPCC en sus siglas en inglés) el pasado 2 febrero en París. En el mismo, 3.000 científicos de todo el mundo aseguran que la Tierra sufrirá un aumento entre 1º C y 6,3º C en el presente siglo, horquilla que depende básicamente de la cantidad de gases de efecto invernadero que expulse el hombre a la atmósfera en los próximos cien años.
Reto global, aportación personal
El cambio climático no es un cuento chino, ni una película barata de terror, ni una historia para que los niños a los que no les asusta el Coco se duerman. Es un problema a escala planetaria. El mayor problema al que se ha enfrentado nunca la humanidad. Un reto global, al que el hombre tiene que responder de inmediato, de lo contrario… nos enfrentaremos a un ajuste climático de proporciones titánicas.
¿Quiere usted hacer algo?
Pues entonces realice su aportación personal y siga unos simples consejos: recicle, ponga bombillas de bajo consumo en su domicilio, ahorre agua, utilice menos el coche (ande más, coja el metro), infórmese sobre el tema, contrate energía verde a su suministrador, plante un árbol… pero sobre todo, asuma que algo se está cociendo en este maravilloso planeta azul.
Asúmalo y extiéndalo. Es hora de pasar a la acción, de asegurar la supervivencia.
[1] Partes por millón (ppm)
[2] Según el “Stern Review” informe independiente que encargo el gobierno de Tony Blair al economista R. Stern y su equipo, y cuyas conclusiones se dieron a conocer en diciembre de 2006.
sábado, 2 de junio de 2007
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