sábado, 2 de junio de 2007

NUEVOS LÍDERES EUROPEOS

(O LA CREACION DE SIGNIFICADO)

Algo huele a nuevo en Europa. No se trata de enrevesados mecanismos de ratificación de tratados, ni de grandilocuentes discursos emitidos por Euronews, ni siquiera del (tan esperado) compromiso de los países miembros con el cambio climático. Se trata de personas de carne y hueso, de líderes, de la generación de hombres (y mujeres) que marcarán el ritmo del continente durante la próxima década. Este relevo ha sido especialmente notable en el tridente europeo compuesto por Alemania, Reino Unido y Francia, países en los que sus canosos líderes se retiran para dejar que el flujo de liderazgo continúe.

La primera en lanzar este proceso de renovación fue la rigurosa Angela Merkel ya que, a finales de 2005, arrebató la cancillería al hasta entonces primer ministro Gerard Schröder. Los siguientes relevos de poder se dan en el presente año 2007. Francia ha elegido al nuevo Presidente de la República y, con toda probabilidad, el Partido Laborista británico designará a Gordon Brown como sucesor del sonriente Tony Blair.

Ante la amplitud de líderes a analizar y el finito espacio para realizarlo he decidido centrarme en dos mandatarios: Nicolas Sarkozy y Gordon Brown.

Sarko el implacable

La principal característica de la renovación política francesa ha sido la ruptura. Me explico. Francia ha experimentado durante los últimos años turbulentos acontecimientos (como la explosión social de los suburbios de París, la negativa popular a la Constitución Europea o la lamentable performance económica) que han hecho tambalear los mismos pilares de la V República del omnipresente De Gaulle. Ante estos acontecimientos las viejas formulas socialistas (ya sean de derechas o de izquierdas, en el país galo siempre son socialistas) no consiguieron enderezar la situación, dejando a Jacques Chirac - y todo lo que representa - como un cadáver político.

Conscientes de ello, los dos candidatos a la presidencia, Ségolene Royal (del Partido Socialista Francés, de izquierdas) y Nicolás Sarkozy (de la Unión por un Movimiento Popular, de derechas) decidieron romper con el clásico discurso de Liberté, égalité y fraternité y apostar por un revitalización política integral. El que consiguió llevarse el gato al agua y proclamarse nuevo Presidente de la República fue el candidato de la derecha, N. Sarkozy.

Nicolas Sarkozy, o Sarko como le denominan los medios, es hijo de inmigrantes húngaros que huyeron de su país natal tras la invasión comunista. Estudió derecho en la Universidad de Paris X – Nanterre y su carrera política transcurrió primero como alcalde de un afluente suburbio parisino para más tarde ostentar varias carteras ministeriales, entre ellas la de Interior. Sarko es un buen orador: directo, visceral y determinado. Se le conoce por su mano dura contra la delincuencia y su acérrima defensa de la autoridad, el trabajo y la democracia. Personaje controvertido (llego a calificar como escoria a los jóvenes inmigrantes de los suburbios parisinos), proclama querer terminar con la herencia de mayo del 68 y se define como Republicano, de derechas y pragmático en cuestiones económicas.

Hasta las elecciones del pasado mes de mayo nunca antes la República Francesa había asistido a un debate presidencial tan intenso, con dos oponentes jugando la baza de la renovación política profunda, el populismo, la Netpolitik
[1] y la ruptura con las líneas ideológicas anteriores. Todo esto llevó a afirmar a diversos analistas internacionales que el electorado francés, por primera vez en su historia, no votó entre nacionalismo Gaullista y socialismo de izquierdas. Todo un avance para un país que marinaba en glorias pasadas.

La hora de Gordon (o el Pacto Blair-Brown)

Cuentan los mentideros británicos que los dos actuales hombres fuertes del Partido Laborista, Tony Balir y Gordon Brown, sellaron en 1994 un pacto entre caballeros. El segundo apoyaría la candidatura del primero a liderar el Partido Laborista (y a largo plazo a conseguir el cargo de Primer Ministro), si después de dos legislaturas Tony se retiraba y le dejaba el camino libre a Gordon. A este acuerdo se le conoce como el Pacto de Granita, nombre del restaurante donde se llevó a cabo. Los más osados afirman que pidieron fetuccini para comer.

Esta historia, que parece sacada de la saga de “El padrino”, nunca ha sido confirmada por los protagonistas de la misma pero. a pesar de ello, Blair anunció hace unos meses que se retirará del cargo en los próximos meses, un año antes de la expiración de su mandato. Su más que probable sucesor en el puesto es el actual el ministro de Hacienda británico... Gordon Brown.

Mr. Brown nació en Glasgow (Escocia) en 1951. Hijo de un pastor presbiteriano, fue admitido en la Universidad de Edimburgo a la temprana edad de 16 años. Licenciado brillantemente en historia, tras terminar sus estudios de grado se lanzó a elaborar su tesis doctoral, que versó sobre la lucha del movimiento laborista en Escocia durante los años veinte. Su carrera política comenzó al ser elegido como diputado al Parlamento en 1983, momento a partir del cual fue escalando puestos en la jerarquía laborista hasta llegar al ya comentado Pacto de Granita.

Brown es un laborista convencido - una especie de campeón de la justicia social - pero al mismo tiempo atesora las cualidades que definen al (todavía) difuso movimiento de renovación de la izquierda europea, denominado Tercera Vía. Sus propuestas de cambio empezaron a fraguarse tras la desastrosa derrota laborista en las elecciones de generales de 1992, momento en el que Gordon lanzó a sus correligionarios una premisa básica de su pensamiento político: no puede haber progreso sin estabilidad macroeconómica. A partir de este hito sus fuerzas se centraron en enterrar la idea de que un gobierno laborista significaba aumentos desorbitados de gasto público, una alta inflación y una descontrolada tasa de desempleo. Y lo consiguió. En 1997, tras ganar el Partido Laborista las elecciones, se le confió el Ministerio de Hacienda. Su tenacidad y habilidad hizo posible que, bajo su mandato, el Reino Unido experimentara el mayor periodo de crecimiento económico sostenido de su historia, acompañado de una inflación moderada y una tasa de paro más que aceptable. Además, Gordon Brown ostenta el curioso record de ser la segunda persona que más tiempo ha desempeñado el cargo, 10 años, tan solo superado por William Gladstone (político inglés que ostento el cargo entre 1852-1882).

Pero el hijo del pastor no es solo un pragmático en economía, sino también un acérrimo defensor del crecimiento sostenible y un convencido del rol social del estado. Esta visión de la política se puede ver en su Modern Agenda for Prosperty and Social Reforms, donde expone su confianza en los mecanismos del mercado, a la vez que subraya sus límites.

El principal punto flaco de este escocés es su falta de tablas políticas en asuntos no económicos y la acusación de antiguos colaboradores de no ser un jugador de equipo. Su voz grave y pausada emite un mensaje de seguridad, pero al mismo tiempo su discurso resulta frío y poco cercano. Tras recibir el testigo de Blair su principal reto será derrotar a los conservadores en las elecciones de 2008. Mientras tanto tendrá un año para demostrar a los británicos lo que vale.

Un último dato, no es un europeísta convencido. Hecho paradójico dado que es, dentro del panorama europeo actual, el único líder que puede construir en el continente un verdadero modelo europeo de economía social. Innovadora, eficiente y volcada en asegurar los derechos sociales y básicos (educación, sanidad y pensiones) y la extensión de libertades a los ciudadanos de la UE.

La creación de significado

Decía Warren Bemis que “la meta del líder no es una mera explicación o aclaración, sino la creación de significado”. Y eso es justamente lo que tendrán que esforzarse en buscar - y encontrar - la nueva hornada de líderes europeos; significado. La creación de una idea que funcione y que exponga a la Unión Europea como ejemplo a seguir ante el resto de bloques mundiales. Una savoir faire que no replique modelos caducos y trasnochados, sino que asegure un desarrollo social, económico y tecnológico en un espacio democrático expansivo de derechos y libertades… Casi nada en los tiempos que corren.


[1] La Netpolitik es el término que acuña la utilización masiva de Internet (blogs, videos, webs) para difundir ideas y captar electorado. La blogosfera y el efecto You-Tube han alterado los canales clásicos de comunicación.

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